Estudiante
de un colegio público, la Institución Educativa
Guadalupe, en donde cursó hasta noveno, cuando sintió
que debía pasar a un colegio de mayor nivel.
Su
mamá, Mariela, cose. "Le va súper bien
en diciembre", pero la ve dura en la cuesta de enero.
Ha sido, en esencia el sustento de su casa. De ella y de
su hermana de nueve años, Elizabeth
Yuly
Andrea Chica, 17, acudió al Cefa, donde pasó
la entrevista y el examen. Pero no tenía los 200.000
pesos que valía la matrícula. Alguien les
sopló a los profesores de Guadalupe, que hicieron
una colecta para darle la suma.
Cuando
llevaba dos meses, en marzo de 2006, llegaron del Colombo
Americano en busca de candidatos a una beca de inglés.
Las condiciones eran claras: estrato 1 o 2, estudiar en
el centro, tener muy buen nivel académico y ganas
de salir adelante.
Yuly
pasó las pruebas. Del inglés, que le gustaba
mucho, conocía lo básico. Dos horas semanales,
muchas veces incompletas, eran su carta de presentación.
En Guadalupe se quedaba tras la clase de inglés a
preguntarle a la profesora, que al ver su interés
le prestaba libros.
A
lo uno, las nuevas exigencias académicas en el Cefa,
respondió. Al igual que al curso de inglés.
La beca, que también recibieron otras dos jóvenes,
les pagaba los 16 niveles básicos y los avanzados.
Juan
Mazo, consejero educativo en el Colombo Americano, veía
su interés y progresos. Yuly estudiaba desde las
8 y 50 de la mañana. Terminados los 90 minutos, se
quedaba en la sala multimedia. O les preguntaba a los profesores.
Juan le suministraba libros y, al ver lo bien que iba, comenzaron
a conversar en inglés.
-Una
profesora con la que estuve varios niveles, me ayudó
mucho. Nos hicimos amigas, iba a su apartamento, hablábamos
en inglés. A veces en español, para que ella
practicara.
De
ese mundo pasaba al mediodía al Cefa. La mamá
se esforzaba para darle los pasajes. "Nunca me ha dicho
no a algo que yo diga sí".
En
el Colombo satisfizo el anhelo musical. Le encantan el pop
y el rock. En los computadores escuchaba la música
que en la casa no podía.
A
fines de 2007 concluyó su bachillerato. No quería
quedarse sin hacer nada. Como se enteró de unas becas
que otorga la Consiliatura de la Universidad de Medellín
para gente de escasos recursos, se presentó. Quería
estudiar Negocios Internacionales. Fue una de las 40 favorecidas
entre 200 aspirantes.
El
semestre fue duro, pero lo pasó bien. Mientras tanto,
seguía las gestiones para estudiar algún día
en el exterior. Juan le pasaba folletos y libros de universidades.
En abril pasado tomó el examen Toefl y obtuvo 102
de 120 puntos. "Es lo que exigen las universidades
para doctorado", dice Mazo.
En
enero, Lynn University, de Boca Ratón, Florida, se
había mostrado interesada en el programa de becas
sociales del gobierno de Estados Unidos y contactó
al Colombo Americano. Les informó que tenía
una beca para un estudiante. Juan les contestó que
"tenía la muchacha perfecta".
Comenzó
el proceso. El examen, los formularios. Con asesoría
logró una Beca de Oportunidades del gobierno estadounidense,
que paga todos esos gastos.
En
julio llegó la noticia: Lynn le otorgaba la beca
a Yuly para ir a estudiar la carrera de Negocios Internacionales,
con todo pago.
Un
nuevo esfuerzo, y obtuvo otra ayuda económica: para
viajar con su mamá a Bogotá y sacar la visa.
No tuvo que pagar un peso, recuerda el consejero.
No
había montado en avión ni estado en un hotel.
De Medellín apenas había salido una vez: a
Río Claro.
El
3 de septiembre viajará. Las clases comenzarán
el 8. Le dará duro dejar a su mamá y los fríjoles.
Le dice que luche por ella y por Elizabeth, que cuando pueda
les colaborará, como lo hizo cuando comenzaron a
llamarla para dar clases particulares de inglés.
En la universidad podrá trabajar tiempo parcial.
Será una ayuda.
Y
aunque todavía sueña con la grabadora y con
un computador para poder comunicarse con su mamá,
lo primero, algún día, será comprarle
una casa en otro sector donde los niños puedan crecer
alejados de ciertos problemas.
Ahora,
eso sí, no podrá acompañar más,
como lo hizo por años, a los enfermos del vecindario,
que visitaba para brindarles cariño. Y entre ellos,
al niño súper tierno que no puede caminar.
"Quería tomarme una foto con él, pero
con qué cámara."
La
constancia y la superación se hicieron carne en una
joven echada pa'lante. La historia, al fin de cuentas, no
parece tan común.
Tomado de www.elcolombiano.com.co
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