LA
MISION ESPECIFICA DEL CAPELLÁN.
El capellán, en su calidad de sacerdote delegado
del obispo en la comunidad educativa tiene una triple dimensión
en su ministerio:
A. El capellán es ministro
de la palabra de Dios. Cristo es la buena
nueva que el capellán debe anunciar a los estudiantes
y a toda la comunidad educativa, tanto con sus palabras
como con su ejemplo. Debe en consecuencia, guiar a la juventud
al encuentro de Cristo, para lograr que ésta dé
una respuesta de fe, libre y personal y la lleve a un compromiso
con el señor.
B. El capellán es ministro
de los sacramentos y de la eucaristía.
Es por tanto, deber del capellán promover una vida
sacramental auténtica, esto es, que evitando el llamado
“sacramentalismo”, haga de las celebraciones
verdaderas vivencias nacidas de la fe.
Entre los sacramentos que merecen atención y preparación
especial:
1. La confirmación, mediante
la cual se reafirma el compromiso cristiano, hecho en le
bautismo, cuando ya los alumnos son conscientes de su fe
y de su filiación divina.
2. La eucaristía
centro de toda la vida litúrgica y alimento que fortalece
a los cristianos tanto en el campo de la fe como en el comportamiento
moral.
3. La penitencia, sacramento de
la reconciliación, canal de la gracia redentora de
cristo, que reconcilia con Dios, fortalece en la lucha y
trae paz al alma agitada del joven. El capellán debe
ser asiduo en atender a las estudiantes y a todos los estamentos
de la institución, cada vez que sea solicitado con
toda libertad de espíritu.
C. El capellán en la
institución educativa es rector del pueblo de Dios
ya que “los presbíteros, ejerciendo según
su parte de autoridad el oficio de cabeza de Cristo y pastor,
reúnen en nombre del obispo, a la familia de Dios
como una fraternidad alentada por Cristo en el espíritu.
El capellán debe ayudar a prepara a las alumnas para
que sean agentes de su vida, del cambio social y de la historia
y cristianas responsables de su compromiso en la fe.
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